| Pero sí, por parte
de la sociedad, muchos niños y adultos me insultaban cada
vez que iba al colegio, cogía la guagua, iba a comprar,
etc. E incluso, me hacían preguntas estúpidas, como ¡por
qué eres un enano!, ¡trabajas en el circo! ¡qué
edad tienes!, o cuchicheaban entre ellos mismos diciendo ¡mira
un enano!, ¡hay el pobrecito! o simplemente se quedaban
mirándome de arriba abajo como si fuera alguien raro, etc. En
fin, una barbaridad de comentarios que me hacían bastante
daño, que me hacían sentir acomplejado por mi físico.
Poco a poco, con el tiempo y gracias a mi carácter, al
apoyo de mi familia y amigos, me "acostumbraba a los insultos"
y al final ni hacía caso, llegué aceptar mi discapacidad
sin más remedio. Pero aquí no queda todo...
Iba
madurando y cada día se me presentaban más problemas
sociales, salía
a las fiestas, al cine, a las discotecas, etc. Me encontraba con
muchas barreras arquitectónicas, orinales de los baños
muy altos, cabinas de teléfonos a las cuales no llegaba,
barras de bares altas, ascensores con el teclado muy alto, etc.
Éstas barreras, muchas veces me indignaban, pero me tenía
que buscar la vida para superarlas y vivir con mi discapacidad
lo mejor posible. Pedía ayuda para llegar a los sitios
altos o simplemente cogía un objeto que me sirviera para
subirme y llegar a mi objetivo.
Como
es normal en la edad adolescente, quería salir con chicas
como hacían mis amigos y tener novia. Pero, por mis condiciones
físicas, me miraban diferente y sentían un poco
de miedo al desconocer mi problema físico. Pero,
gracias a mi carácter dicharachero, bromista, sociable,
cariñoso, tranquilo, hablador, optimista y muy amigable,
este problemita lo superaba, porque gracias a ello conseguía
a muchos amigos y amigas.
Al
cumplir los 18 años, quería
sacar el permiso de conducir como cualquier otra persona, para
empezar a tener una pequeña independencia, realizar mis
estudios, trabajos, etc. Desgraciadamente no lo tuve tan fácil
como yo creía, debido a mi físico me pusieron un
montón de impedimentos. Tras 3 años de lucha constante
preguntando a las autoridades competentes y arreglando papeles
con el fin de obtener el permiso para sacar el carnet. Por fin,
después de 3 años y gracias a mi carácter
luchador, me presenté en un periodo de 3 meses y lo conseguí a la primera. Fue
pasando el tiempo y me dedicaba a prepararme para un futuro, realicé diferentes carreras de grado medio: Técnico
de Laboratorio, Auxiliar de Enfermería, Técnico
de Veterinaria y cursos como: Adiestramiento de perros, caballos,
submarinismo, socorrismo, cronometrador de rally, animador sociocultural,
informática, teleoperador, etc.
Creía
que mi físico no importaba para lanzarme al mundo laboral,
pero me equivoqué. Presenté unos 150 currículum
por diferentes hospitales, clínicas, empresas, etc, en
la Isla de Tenerife. Todos me ponían caras raras, me miraban
de arriba abajo, me daban las típicas excusas “necesitas
experiencia”, “ya te llamaremos”. “O incluso
me decían, es que si trabajas aquí no llegas a los
archivos, el material está muy alto, la gente se puede
reír de ti”... En fin, un montón de respuestas
humillantes. Ni siquiera en la administración pública,
a la cual se le supone un mayor grado de integración, pude entonces encontrar un trabajo acorde con los estudios realizados.
Incluso,
muchas veces para demostrar mi valía y desempeñar
mis estudios, iba de voluntario para coger experiencia, sin tener
ninguna remuneración económica. Pero ni así,
me hacían un contrato en condiciones como a cualquier persona.
Solamente, me llamaban para trabajar por días o para sacarlos
de un apuro.
Dado mi fracaso (que
yo considero de la sociedad) al
intentar integrarme en el mundo laboral, acudía a las clases
sin ganas de estudiar, desmotivado y sin ilusiones de futuro.
Sin embargo, le estoy agradecido a mi profesor, el
Dr. Espada, el cual me informó, que en el Hospital Universitario
de Canarias (HUC), en la isla de Tenerife, se
estaba llevando a cabo las operaciones de alargamiento de huesos.
Enseguida
me fui a informar, y me atendieron los doctores Harry Friend y
Gómez Castilla, traumatólogos del servicio COT-B
del HUC . sigue >>> |