| Por Alexis Fuentes
Presidente de PEGRAL
Tengo 30 años. A modo informativo les diré que nací con acondroplasia, un tipo de osteocondrodisplasia o displasia osteocartilaginosa. Todo el mundo la conoce por el nombre de enanismo o enano, aunque a mí personalmente no me gusta este adjetivo, debido al tono despectivo con el que se suele emplear.
La
Acondroplasia se caracteriza por ser una
enfermedad ósea de origen cromosómico, exactamente
mutación en el gen que codifica el factor de crecimiento
fibroblástico, en el cromosoma cuatro. Caracterizada porque
los huesos largos están acortados simétricamente,
siendo normal la longitud de la columna vertebral, lo que provoca
un crecimiento desproporcionado del cuerpo. Se produce por una
malformación en el desarrollo de los cartílagos
que acelera el proceso de osificación normal de éstos.
La
frecuencia de aparición de la acondroplasia es aproximadamente
de 1 de cada 20.000 recién nacidos, variando según
el país. Prácticamente el 80% de los casos surge
de manera esporádica, en familias de padres e hijos normales. Como
es mi caso, dado
que mis padres y mis antepasados familiares y actuales son de
estatura normal. Tengo 2 hermanos que miden 1,75 cm y 1,82 cm y, gracias a Dios, no tienen ninguna
discapacidad.
La
característica que más llama la atención
es evidentemente la talla baja, al nacer oscila entre los 46 cm
y los 48 cm, y en la edad adulta entre 1,15 cm a 1,35 cm. Destaca
la desproporción entre el tronco que es de tamaño
normal y las extremidades que son más cortas.
Este
tipo de patología lleva asociada una serie de problemas
que necesitan el seguimiento Médico y Fisioterapéutico
de profesionales expertos en esta discapacidad. Estas
malformaciones pueden ser: Atrofias musculares, arqueamiento de
las extremidades, desviación de la columna, otitis, hidrocefalia
(aumento de la cabeza debido al exceso de líquido), problemas
respiratorios, etc. Dada
la gravedad de esta patología, es muy importante que el
paciente tenga un control médico y una rehabilitación
continuada para poder ofrecer a la persona una mejor salud y
calidad de vida. Por
eso, quiero aconsejar a los padres que se
informen bien sobre la salud de su hijo y que no tengan pudor
en preguntar a profesionales en esta materia todas las dudas que
se les planteen.
En
la actualidad, hay estudios radiológicos, clínicos
y genéticos para confirmar el diagnostico de la acondroplasia.
Es más, es
bueno ponerse en contacto con asociaciones y otras familias para
compartir información, dudas, experiencias, etc. Esto ayudaría
a las familias y a los afectados a motivarse y a saber vivir con
esta discapacidad.
A
continuación, les voy a contar un poco mi vida, que fue
lo que me impulsó a hacerme la operación de alargamiento
de extremidades y porque se me ocurrió formar esta asociación
y escribir un libro sobre mis experiencias durante el preoperatorio
y postoperatorio:
Nací el 12 de julio de 1974, pesando 2Kg y 800gr y medí 46 cm, aparentemente mis medidas
eran normales, pero fue pasando el tiempo y los pediatras dijeron
a mis padres que tenía un tipo de enanismo llamado acondroplasia.
Cuando mi madre recibió la noticia se sintió muy
triste y no sabía como afrontar el problema, e incluso
pensó en no tener más hijos. Los médicos
la convencieron de que no necesariamente un segundo bebé
tendría que nacer igual, prueba de ello fue el nacimiento
de mis 2 hermanos que nacieron sin ninguna complicación.
Iba a revisiones médicas periódicas hasta los 15
años, donde estuve realizando una vida prácticamente
normal, como la de cualquier niño. Nunca tuve rechazo por
medio de los profesores o colegios. sigue >>>
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