GUÍA SOBRE LA ACONDROPLASIA DIRIJIDA A LA FAMILIA
Y PROFESIONALES DE LA SALUD
LA
ACONDROPLASIA, ALGO MÁS QUE UNA CUESTIÓN DE ALTURA
Ana Teresa Santana Ortega 1, José J. Castro Hernández
2 y Alexis Fuentes Luis 3
1.
Asociación Familiar de Afectados por Acondroplasia, C/
Bravo Murillo, 34-1D, 35219 Ojos de Garza, Telde, Gran Canaria
(Tel. 928 575316).
2.
Departamento de Biología, Universidad de Las Palmas de
Gran Canaria, Edf. Ciencias Básicas, Campus de Tafira,
35017 Las Palmas de Gran Canaria. jcastro@pesca.gi.ulpgc.es
3.
Asociación PEGRAL (Pequeños Grandes Luchadores),
C/ Travesía Madrinita 7, Santo Domingo 38440. La Guancha.
Tenerife. (Tel. 616 713 350) / www.pegral.com.
Diciembre
de 2003
A
Alejandro para que, como su homónimo, llegue a ser Magno.
PREÁMBULO
Con este documento no pretendemos aportar nada nuevo a lo ya conocido
sobre la acondroplasia, ya que no somos profesionales de la medicina
y nuestro campo de investigación no se relaciona con este
tipo de displasia osteocartilaginosa. Sin embargo, si es el primer
trabajo que intenta aglutinar en una única obra la más
o menos extensa información existente, intentando darle
a la misma una visión multidisciplinar. En este sentido
nos hemos valido de la bibliografía existente, de carácter
enciclopédico, artículos de investigación
médica, documentos publicados en internet, notas de prensa
y de informes médicos realizados por especialistas en aspectos
concretos que no han sido publicados o con una difusión
pública muy limitada. Un ejemplo de este último
caso puede ser el trabajo del Dr. Miguel Ángel González
Viejo, titulado “Retrasos motores en displasias óseas.
Estimulación precoz” disponible en la Asociación
Crecer.
El objetivo de este documento es servir de guía no solo
para las personas afectadas por acondroplasia y sus familias,
sino también para que sirva de primer paso a la visión
del tratamiento de este tipo de osteocondrodisplasias como una
labor de profesionales de diversos campos de la medicina agrupados
en un equipo multidisciplinar. Ha surgido como una necesidad de
rellenar la falta de información a los familiares de personas
afectadas, como una forma de aliviar nuestra desesperación
ante el problema de nuestro hijo y, en nuestro caso personal,
la más absoluta de la desinformación sufrida después
de su nacimiento. Muchos médicos deberían darse
cuenta de que no basta solamente con averiguar y dar el nombre
de la enfermedad que padece el paciente, y con eso el trabajo
está terminado. En muchos caso, es a partir de aquí,
cuando el problema adquiere una dimensión mayor, la humana
y también colectiva dentro de la familia, y no hay peor
forma de hacer que algo no parezca bueno, o suene a incurable,
que no informar de la verdadera envergadura de cada problema.
Nuestro deseo es el de haber sido los últimos en sufrirlo,
ojalá se cumpla pronto, y que este documento sirva para
ello. También, queremos dejar patente que la acondroplasia,
o enanismo osteocondrodistrófico, es algo más que
una cuestión de altura, ya que existen un sinfín
de problemas asociados a esta patología que pueden ser
más importantes y causar más limitaciones que la
causas por la baja estatura. Muchos de estos problemas pueden
ser evitados con un poco de información a los padres, como
por ejemplo sobre pautas de conducta y posturales que se deben
corregir en los niños, y el establecimiento de un programa
de seguimiento medico adecuado en las primeras fases del desarrollo.
Nuestro más sincero agradecimiento al Dr. Rafael González
Jorge, al Dr. Miguel Ángel González Viejo, al Dr.
Juan Carlos Gómez Castilla, al Dr. José María
Cuyás, a Dña. Carmen Alonso (ALPE), a la Dra. Myriam
Golembo (ProChon Biotech, Israel), a D. Alexis Fuentes y al Dr.
Benito Robaina. Han facilitado muchos pasos y aliviado la mayor
parte de la carga.
LA ACONDROPLASIA
INDICE
0. Introducción. 4
1. Características genéticas. 6
2. Características anatómicas. 7
3. Características cognitivas. 8
4. Características clínicas. 8
4.1. El cráneo. 8
5. Patología asociada a la acondroplasia. 9
6. Guía para el ginecólogo. 10
7. Guía para el pediatra. 12
8. Guía para el neurólogo. 15
9. Guía para el traumatólogo. 18
9.1. Alargamiento de extremidades. 18
9.2. Métodos de alargamiento y características.
20
9.3. Procedimiento quirúrgico (método Vilarrubias).
21
10. Guía para el médico rehabilitador. 26
11. Guía para el otorrinolaringólogo. 28
12. Guía para el médico endocrino. 28
13. Guía para el ortopeda. 29
14. Guía para el psicólogo y psiquiatra. 29
15. Tratamiento farmacológico. 30
INTRODUCCIÓN
Hay muchas razones por las que algunas personas nunca alcanzan
la altura que se considera como “normal” entre la
población adultas de cada tipología étnica.
Entre otros motivos, muchos deben su baja estatura a la “carga
genética” heredada de sus antepasados, mientras que
en otros el principal motivo está en la existencia de enfermedades,
muchas de ellas ocasionadas por anomalías genéticas,
que afectan al crecimiento tanto de forma global como en alguna
parte específica del cuerpo. Básicamente las personas
con problemas de baja estatura se pueden agrupar dentro de dos
categorías: aquellas que presentan una proporcionalidad
entre el tronco, cabeza y extremidades (baja talla constitucional
de origen familiar, deficiencia de hormonas de crecimiento, hipotiroidismo,
diabetes mellitus, síndrome de malabsorción, malnutrición,
artritis crónica juvenil, disgenesis gonadal, etc.) y otras
que presentan cierta desproporcionalidad en los miembros y el
tronco (acondroplasia, pseudoacondroplasia, etc.). Mientras que
los primeros (baja talla proporcional) son atendidos por pediatras,
endocrinos, etc., los segundos (baja talla desproporcionada),
además de una supervisión estricta de su desarrollo
y un tratamiento adecuado de las posibles enfermedades infantiles,
necesitan ser vigilados y tratados de las complicaciones que pueden
aparecer en su aparto locomotor (huesos, articulaciones, músculos,
sistema nervioso, etc.) y que pueden condicionar, en algunos casos,
su calidad de vida en el futuro.
La acondroplasia es la causa más común de enanismo
y ocurre en todas las razas y en ambos sexos. Es quizás
uno de los defectos de nacimiento más conocidos desde la
antigüedad (el enano Seneb desempeñaba altas funciones
honoríficas y era jefe del guardarropa real del faraón;
Reino Antiguo, IV o V dinastía; 2670-2195 a.C.). Los descubrimientos
de esqueletos con edades comprendidas entre los 7000 y 3000 años
de antigüedad en Inglaterra y Estados Unidos, y que aparentemente
correspondían a personas acondroplásicas, hacen
que la presencia de esta anomalía genética se remonte
al menos al Neolítico. Sin embargo, no fue descrita hasta
1878, por el médico francés Jules J. Parrot (Excideuil
1829 – París 1883), y en 1900 el también médico
francés Pierre Marie (París 1853 – Cannes
1940) completo su descripción.
La
palabra acondroplasia proviene del griego y significa “sin
formación cartilaginosa”, aunque las personas que
padecen de esta anomalía genética si poseen cartílago
(esta denominación errónea ha requerido de un proceso
de sistematización para que el resto de las displasias
óseas no sean todas denominadas acondroplasias). Normalmente,
los tejidos cartilaginosos se convierten en huesos durante el
desarrollo fetal y la niñez, salvo en algunos lugares como
la nariz y los oídos. En las personas acondroplásicas
sucede un proceso anómalo durante el crecimiento, especialmente
en los huesos más largos. Las células cartilaginosas
de las placas de crecimiento de estos huesos se convierten en
tejido óseo de forma demasiado lenta, lo que da lugar a
huesos cortos y como consecuencia baja estatura, en contraposición
de los huesos formados a partir de osificaciones membranosas (parte
del cráneo, huesos faciales) o por crecimiento apófiseo
(ilium) que son normales. Los restantes mecanismos de crecimiento,
tales como columnización, hipertrofia, degeneración,
calcificación y osificación, tienen lugar normalmente
aunque la cantidad formada es significativamente menor. De esta
manera la acondroplasia es el resultado de una pérdida
cuantitativa más que la formación de tejido anormal,
ya que la osificación subperióstica membranosa de
los huesos tubulares es normal, al igual que el diámetro
de los mismos.
Las personas que padecen esta anomalía presentan miembros
superiores e inferiores muy cortos mientras que el tronco muestra
dimensiones consideradas como normales. La cabeza es relativamente
grande en comparación con el cuerpo.
Desde el punto de vista histológico, la epífisis
ósea y los cartílagos de crecimiento presentan una
apariencia normal, aunque la zona de crecimiento es algo más
pequeña de lo habitual, siendo aún menor en los
individuos homocigóticos, lo que sugiere un efecto dosificador
de los genes. El defecto óseo esencial es el bloqueo de
la producción de cartílago en las epífisis
de crecimiento (extremos fértiles por los que crece el
hueso) que afecta, fundamentalmente, a las piezas óseas
que incrementan su longitud de forma rápida (húmero
y fémur, sobre todo). Al igual que en otras displasias
óseas, la acondroplasia puede originar problemas ortopédicos,
alteraciones extra-esqueléticas, conflictos de autoestima
y discapacidad.
1.
CARACTERÍSTICAS GENÉTICAS.
La acondroplasia se produce a causa de un gen anormal que se encuentra
en el cuarto par de cromosomas. El gen afectado codifica al receptor
3 del factor de crecimiento de fibroblastos (FGF; Fibroblast Growth
Factor; los fibroblastos son elementos celulares precursores de
fibras). La secuencia de ADN de este gen ha revelado que en los
individuos acondroplásicos existe una mutación que
cambia un aminoácido guanina por otro adenina (en el 98%
de los casos) o citocina (en el 2%), en el nucleótido 1138.
Ambas mutaciones resultan en la sustitución de una arginina
por una glicina en la posición 380 de la proteína,
lo cual corresponde a la región transmembranal (RTM) del
Receptor 3 del FGF. También se ha observado una rara mutación
que da lugar a una sustitución de la glicina 375 por una
cisteina.
La consecuencia de esta mutación es la inhibición
de la diferenciación de los condrocitos y la formación
de hueso. Esto da lugar a una formación anormal de la parte
interna (endocondral) del hueso, ya que la osificación
del perióstio (capa que recubre al hueso) y la zona intramembranosa
son normales. Se afecta la formación del cartílago
intersticial por lo que los núcleos de crecimiento (fisis)
dejan de proliferar.
La
acondroplasia es un desorden autosomal dominante, pero entre el
75 y 90% de los casos son debidos a nuevas mutaciones de un gen
dominante. La tasa de mutación es relativamente elevada
y se estima estar entre 1.72 y 5.57x10-5 por gameto y generación.
Se considera que la incidencia de esta anomalía oscila
entre un caso cada 10.000 o 100.000 habitantes. En España
su frecuencia es de un caso cada 40.000 habitantes, aunque esta
proporción no se mantiene en las diferentes regiones del
País. En familias formadas por progenitores de talla normal,
con un hijo acondroplásico, la posibilidad de tener otro
hijo con la misma anomalía es la misma que en el resto
de la población. La posibilidad de tener un hijo acondroplásico
es del 50% si uno de los padres es ya acondroplásico y
el otro no; en cambio si ambos padres padecen esta anomalía
genética, la probabilidad de tener un hijo afectado es
del 75%. En general, las personas no afectadas no presentan riesgo
elevado de tener descendientes afectados, pero algunos padres
con aspecto normal han tenido dos e incluso tres descendientes
con enanismo acondroplásico típico. La explicación
radica en una mutación en la línea germinal, es
decir, un evento temprano en la vida embrionaria del padre, o
de la madre, de aspecto normal cuando sólo existen unos
pocos precursores de células germinales. La célula
que posee la mutación puede contribuir con numerosas células
a la gónada en desarrollo. En estos casos la probabilidad
de tener otro hijo afectado puede ser del 50 %.
2.
CARACTERÍSTICAS ANATÓMICAS.
Estos niños presentan un desarrollo muy lento de los huesos
debido a que el crecimiento endocondral es anormal, por lo que
sus extremidades son cortas, con predominio de la porción
proximal (parte más cercana al tronco, brazos y muslos).
Los segmentos óseos que crecen menos son el fémur,
el húmero y la tibia. Sin embargo el torso es relativamente
normal. Los huesos son cortos y anchos y las superficies articulares
normales. El antebrazo es más largo que el brazo. Presentan
la frente y la mandíbula prominentes, puente nasal deprimido
en su parte superior (entre ojos), cráneo ancho y cara
pequeña, hipoplasia maxilar con dientes apretados y a veces
los dientes superiores e inferiores no están correctamente
alineados (maloclusión). Los miembros superiores, además
del acortamiento del brazo, presentan una imposibilidad para la
extensión completa del codo y una mano pequeña característica
(en tridente) con dedos rechonchos y una separación típica
entre el medio y anular. Los miembros inferiores se disponen habitualmente
en rotación externa. Es común la laxitud ligamentosa
especialmente en las rodillas.
En algunos caso existe un retraso en el desarrollo motor (hipotonía
muscular transitoria), laxitud ligamentosa (hiperlaxitud articular),
obesidad y dificultad al hablar como consecuencia de una lengua
suculenta.
Por lo general, la espalda superior de las personas acondroplásicas
es relativamente derecha y la columna lumbar presenta una curvatura
marcada hacia adelante (lordosis). La falta de tonicidad muscular
puede conducir al desarrollo de una joroba (cifosis) durante la
infancia (que generalmente desaparece cuando el niño comienza
a caminar) y los conductos vertebrales pequeños pueden
provocar la compresión de la medula espinal durante la
adolescencia. Las pantorrillas pueden arquearse y por lo general
los pies son cortos, anchos y planos.
El aspecto del abdomen suele ser discretamente abombado debido
a la configuración característica del raquis y de
las caderas. Es habitual que presenten una curva del raquis lumbar
muy pronunciada (hiperlordosis), que en ocasiones obliga a provocar
otra curva en sentido contrario (cifosis) en el raquis dorsal
bajo.
La talla al nacimiento no difiere mucho de los niños normales
(42-52 cm) y la talla final raramente supera los 144 cm (122-144
cm para el varón y 117-137 para la mujer) (Figura 1 a y
b).
3. CARACTERÍSTICAS COGNITIVAS.
Las personas que sufre este tipo de alteración por lo general
presentan una función intelectual normal y en ocasiones
más elevada que el resto de la población. Durante
los primeros meses de desarrollo del niño, un programa
adecuado de estimulación precoz ayuda a alcanzar un desarrollo
psicomotor normal y compensar la deficiencia motriz debida a la
hipotonía muscular. Por ello, es muy importante que el
niño asista, desde muy temprano (desde el primer año
de vida), a un programa de terapia ocupacional, ya que este permitirá
que alcance un mejor desarrollo psíquico y social, que
compensarán en gran parte sus pequeñas limitaciones
motoras.
4.
CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS.
Las
características clínicas que presentan estos niños
son normalmente reconocibles al nacer: talla pequeña o
reducción global de la altura debido a un acortamiento
de los miembros, tronco normal, cráneo aumentado de tamaño
con región frontal prominente y depresión del puente
de la nariz y manos anchas y cortas. Los niños menores
de un año presentan aumento de la cifosis torácico
dorsal, la cual se acentúa al comenzar la deambulación.
En niños mayores se evidencian alteraciones en el eje de
las piernas presentando genu varo (separación excesiva
de las rodillas) y ocasionalmente deformidad en valgo (separación
excesiva de los tobillos). Algunos niños pueden presentar
hidrocefalia. Hay una evidente desproporción entre las
extremidades inferiores y superiores y el resto del cuerpo.
En la radiología se evidencian signos típicos: huesos
largos cortos y gruesos, ensanchamiento de las metáfisis
(unión del cuerpo del hueso con la cabeza). Los cuerpos
vertebrales son pequeños con pedículos afinados.
Disminución de la distancia interpedicular en la columna
lumbar, que define el espacio para la médula espinal. Las
manos son cortas y anchas, con aspecto de tridente a causa de
un aumento del tercer espacio interdigital. Los huesos de los
dedos de las manos (metacarpianos) son cortos y romos. La pelvis
también es corta, alas ilíacas cuadradas y el acetábulo
(componente pélvico de la articulación de la cadera)
puede estar horizontalizado lo que determina la estabilidad de
esta articulación (el niño acondroplásico
no tiene luxación congénita de la cadera, frecuente
en otros tipos de osteocondrodisplasias). Son comunes las contracturas
en flexión de la cadera y el genu varo. La caja torácica
es pequeña y aplanada en su diámetro anteroposterior.
4.1.
El cráneo.
El cráneo es una de las características anatómicas
más significativas de las personas que padecen de acondroplasia,
especialmente debido a su tamaño (ligeramente superior
al medio) y la forma (frente y mandíbula prominentes, puente
nasal deprimido en su parte superior, cráneo ancho y cara
pequeña).
En
el momento del nacimiento la mayoría de los huesos craneales
están osificados, pero pueden moverse relativamente unos
respecto a los otros. Esta movilidad es especialmente importante
en el momento del nacimiento, permitiendo que la cabeza se deforme
durante su paso por el canal del parto. Esta habilidad de los
huesos para moverse es permitida por suturas (membranas fibrosas
que existen entre los huesos planos del neurocráneo), y
que permiten el crecimiento de los bordes de los huesos. En el
nacimiento, determinadas suturas se expanden creando espacios
conocidos como fontanelas. Existen seis fontanelas en los bordes
de los huesos parietales: la anterior, también conocida
como “punto blando del bebé”, la cual se cierra
alrededor de los 2 años de edad; 2 esfenoidales (anterolaterales);
2 mastoidales (posterolaterales); y la posterior. Estas cinco
últimas se cierran entre los 6 meses y los 2 años
después del nacimiento (en niños acondroplásicos
el cierre de las fontanelas puede ser algo más tardío).
Clínicamente, la palpación de estas áreas
permiten la evaluación de signos de desarrollo normal,
tales como la hidratación, presión intracraneal
y crecimiento óseo. Incluso después de que estas
aberturas entre hueso neurocraneales son reemplazadas por hueso,
las suturas fibrosas permiten que ocurran crecimientos adicionales.
En un desarrollo normal, los huesos que se encuentran en cada
sutura craneal se fusionan a diferentes velocidades lo que permite
la expansión normal del cerebro y de los tejidos blandos
durante la infancia.
La
fusión prematura de cualquiera de las suturas que unen
a los huesos craneales (craneosinostosis) crea problemas en el
desarrollo. La craneosinostosis puede ser de dos tipos, craneosinostosis
aislada, la cual implicar a una o más suturas, o craneosinostosis
sindrómica, que implica la sinostosis del cráneo
combinada con otras anomalías faciales y corporales. Además
de las suturas craneales hay varias suturas faciales que también
son puntos de crecimiento y expansión del cráneo.
El crecimiento a lo largo de estas suturas faciales ocurre simultáneamente
con la expansión de las suturas craneales, ocasionando
un desplazamiento global de las estructuras faciales.En
la acondroplasia, la mayoría de los huesos craneales se
desarrollan por el mecanismo de osificación membranal,
a diferencia de los huesos largos que lo hacen a través
del mecanismo de osificación endocondral, pasando primer
o por cartílago que posteriormente es osificado. Sin embargo,
algunos huesos en la base del cráneo, en la zona baso-occipital,
siguen el patrón de osificación endocondral y, por
lo tanto, son también afectados por el anormal funcionamiento
del receptor 3 del factor de crecimiento de fibroblastos. Las
sincondrosis "interesfenoide y esfeno-occipital" crecen
poco y maduran de forma temprana durante la infancia, lo cual
causa un desequilibrio entre el crecimiento de estos huesos y
los del resto del cráneo que lleva a la deformación
craneal que se observa en la acondroplasia.
5. PATOLOGÍA ASOCIADA A LA ACONDROPLASIA.
Aunque la acondroplasia es una alteración puramente esquelética,
hay ciertas alteraciones que se presentan con mayor frecuencia
en estos niños. Los niños afectados con acondroplasia
presentan de forma frecuente retraso motor que se recupera espontáneamente,
otitis media serosa, rinitis serosa y doblamiento de las rodillas.
En la infancia puede ocurrir una sintomática obstrucción
de las vías respiratorias superiores, desarrollo de cifosis
toracolumbar, hidrocefalia, compresión del cordón
medular, maloclusión dentaria con mordida anterior abierta
y obesidad. Algunos casos desarrollan un raquitismo resistente.
En ausencia de complicaciones, la persona acondroplásica
no presenta discapacidad significativa. No obstante, debido a
posibles desviaciones del desarrollo que se pueden experimentar
en los niños, es recomendable confiar su cuidado a profesionales
sanitarios que conozcan la historia natural de la enfermedad y
siempre bajo un enfoque interdisciplinar donde el protagonista
sea el niño y la familia.
Los
niños acondroplásicos muestran un desarrollo muscular
adecuado que les permite realizar la mayoría de las actividades
de su edad. Sin embargo, la presencia de alteraciones en la alineación
de los miembros inferiores (ej. genu varo) puede ocasionar ciertas
dificultades funcionales al reducir la base de sustentación
del niño y empeorar el equilibrio, dando lugar a una marcha
más penosa y con un mayor gasto energético. En adultos,
entre 20 y 40 años, la discapacidad habitual es la originada
como consecuencia de la presencia de estenosis de canal (pesadez
al andar, dolor en la parte baja de la espalda y flojera en las
piernas, y parálisis permanente en casos muy avanzados).
La presencia de anomalías neurológicas pueden dar
lugar a diferentes grados de discapacidad relacionados con la
conducta (hidrocefalia), comunicación (sordera), cuidado
personal (estenosis de canal lumbar), locomoción (estenosis
de agujero magno y de canal lumbar) y destreza (hidrocefalia).
Las
personas acondroplásicas tienen una esperanza de vida normal.
6. GUÍA PARA EL GINECÓLOGO.
Los ginecólogos pueden ser requeridos para asesorar a una
familia cuyo feto haya sido diagnosticado con acondroplasia o
se sospeche de su posibilidad. Este tipo de asesoramiento debe
ir acompañado del provisto por un genetista y/o un obstetra.
La diagnosis de la acondroplasia en el feto se realiza de forma
más frecuente cuando uno de los padres padece de este tipo
de displasia. Sin embargo, en la mayoría de las situaciones
en la que los padres presentan una estatura normal, la diagnosis
sólo puede ser sospechada en base a la observación
de miembros desproporcionalmente cortos en el feto a través
de ecografías ultrasónicas realizadas durante el
tercer trimestre de gestación. Sólo un tercio de
los casos de fetos con acondroplasia son diagnosticados en la
fase prenatal, lo que se debe a que miembros desproporcionadamente
cortos se pueden observar en un amplio y heterogéneo grupo
de síndromes. En la mayoría de los casos, el diagnóstico
específico no se puede realizar con exactitud excepto por
examen radiológico en la fase final del embarazo o más
frecuentemente en el momento del nacimiento.
El número de mutaciones que causan la acondroplasia es
muy limitado y la metodología de análisis genético
es simple, requiriendo sólo un PCR (reacción en
cadena de la polimerasa) y fragmento de digestión. La tecnología
molecular puede ser aplicada a la diagnosis prenatal de un feto
en el que se sospeche que pueda padecer de acondroplasia. La diagnosis
prenatal de acondroplasia homocigótica en familias de riesgo
o con padres heterocigóticos para los alelos 1138A o 1138C
puede ser realizada a través de amniocentesis o muestras
de córion.
En aquellos casos infrecuentes en que el diagnóstico se
ha establecido de forma inequívoca, ya sea por la naturaleza
familiar o por examen radiológico prenatal, el ginecólogo
puede discutir con los futuros padres los siguientes aspectos:
a) Explicar el mecanismo de ocurrencia o recurrencia de la acondroplasia.
Al menos entre el 75 y 90% de los casos se dan en padres con estatura
media considerada como normal y que la acondroplasia ocurre debido
a una mutación esporádica de un gen. Debe ser explicada
la posibilidad de mosaico en la línea germinal (en la cual
algunas células germinales derivan de una línea
germinal normal y otras proceden de una línea germinal
con una mutación), y clarificar que los riesgos de recurrencia
son inferiores al 1%.
b)
Explicar a los padres los estudios posteriores a los que se deben
someter con objeto de confirmar el diagnóstico en el recién
nacido. En caso de aborto o muerte del feto en el momento del
nacimiento, es importante la confirmación de la diagnosis
para asesorar a los miembros de la familia sobre su posible recurrencia.
c)
Asesorar sobre los tratamientos actuales disponibles así
como las posibles intervenciones quirúrgicas. La información
debe incluir aspectos tales como la eficacia, complicaciones,
efectos colaterales, costes y otras consecuencias de estos tratamientos.
Informar sobre las posibles mejoras futuras en los tratamientos
e intervenciones.
d)
Explorar las opciones disponibles en la familia para la cría
y cuidado del niño usando un acercamiento no dirigido.
Cuando ambos padres sean acondroplásicos, se debe informar
de la posibilidad de doble herterocigosis o de la homocigosis,
así como de sus riesgos. Los niños con acondroplasia
homocigótica suelen nacer muertos o mueren poco después
del nacimiento. La acondroplasia homocigótica puede ser
normalmente diagnosticada prenatalmente.
e)
Si la madre es acondroplásica, es aconsejable el parto
con cesárea debido a la estrechez de su pelvis y para evitar
el riesgo de producir derrames intracraneales en el feto durante
el parto. Este procedimiento quirúrgico normalmente conlleva
el uso de anestesia general debido a la estenosis espinal de la
madre y por tanto existen riesgos asociados con la conducción
de la anestesia (espinal/epidural). La madre afectada por acondroplasia
debe desarrollar ejercicios de control de la respiración
durante el tercer trimestre del embarazo, así como debe
realizarse estudios de función pulmonar. Un embarazo con
riesgo de homocigosis debe tener un seguimiento con medidas ultrasónicas
a las 14, 16, 18, 22 y 32 semanas de gestación, con objeto
de distinguir la homocigosis o heterocigosis de los patrones normales
de crecimiento en el feto. Es posible hacer un estudio de ADN.
f)
Después del nacimiento es importante confirmar el diagnóstico
a través de estudios radiológicos (en el pasado
aproximadamente el 20% de los pacientes con acondroplasia no han
sido detectados, debido a que los exámenes físico
no indicaban sospechas y, por tanto, no se realizó un estudio
radiológico). Tomar medidas morfométricas, incluyendo
envergadura de la mano, circunferencia frontal occipital (perímetro
craneal), longitud del cuerpo, y proporciones de los segmentos
superior e inferior del cuerpo. Contraste estas medidas sobre
curvas de crecimiento especialmente diseñadas para la acondroplasia
(Figuras 1 a,b; 2 a,b; 3 a,b y 4 a,b). Revise el fenotipo con
los padres y discuta los hallazgos específicos con ambos
padres si es posible.
g)
Tras el parto, y siempre que no sea desaconsejable por la existencia
de algún problema en el estado de salud del niño,
el seguimiento del mismo debe ser el desarrollado de forma rutinaria
con cualquier recién nacido. Se debe evitar el apartar
al niño de la madre en los primeros momentos y sobre todo
dejar al recién nacido ingresado durante período
prolongados para verificar la acondroplasia o realizar los estudios
indicados en el apartado f. Esto resulta innecesario y solo conduce
a un mayor sufrimiento psicológico de la familia.
7. GUÍA PARA EL PEDIATRA.
El tratamiento ha de ser conservador y las evaluaciones del estado
del niño han de ser iguales que para el resto de los niños,
ya que presentan las mismas alteraciones. El crecimiento y desarrollo
debe ser evaluado comparándolo exclusivamente con el correspondiente
a niños con acondroplasia (ver tablas adjuntas).
El perímetro craneal debe ser medido mensualmente durante
el primer año (Figuras 3 a y b). En caso de que se observe
que el tamaño de la fontanela es anormalmente grande, que
el perímetro craneal aumenta desproporcionadamente (consultar
tablas de crecimiento específicas para acondroplasia),
o si se desarrollan síntomas de hidrocefalia se debe hacer
un estudio ultrasónico del cráneo.
Pueden surgir las siguientes complicaciones durante los primeros
meses de vida:
a)
Entre los pacientes afectados puede ocurrir una mortandad infantil
no esperada (menor al 3%), normalmente asociado a casos de acondroplasia
muy severa.
b) Obstrucción severa de las vías respiratorias
superiores en menos del 5% de los afectados, por lo que se deben
considerar realizar estudios del sueño si aparecen signos
de compromiso respiratorio durante el descanso o mientras duermen,
especialmente si se dan indicios de retraso.
c) Restricción pulmonar, con o sin enfermedades de aireación
reactiva, ocurren en menos del 5% de los niños acondroplásicos
menores de 3 años. Considérese la oximetría
en pulsos o la evaluación de la capacidad pulmonar si hay
signos de problemas respiratorios.
d) El desarrollo de la cifosis toracolumbar está asociada
con la sedestación sin soporte antes de que esté
bien desarrollada la musculatura del tronco. Se aconseja aplicar
un programa de rehabilitación desde muy temprana edad que
ayudará a reducir la hipotonía muscular y evitará
este tipo de problemas.
e) Todos los niños acondroplásicos presentan un
foramen magnum (agujero occipital) relativamente pequeño,
pero pocos se vuelven sintomáticos de compresión
de la medula espinal en la unión cervicomedular (unión
entre el cráneo y la columna cervical). Esta complicación
se considera la causa de la hipotonía, aunque estudios
recientes indican que no existe correlación entre ambas.
También se considera la causa de las apneas de sueño
y muerte súbita en niños. Puede manifestar signos
y síntomas de alta mielopatía cervical, apnea central
o ambas. Raramente se recomienda la descompresión del foramen
magnum. Este problema es raro y parece que se caracteriza por
alteraciones respiratorias, hipotonía no corregida y reflejos
de estiramiento muscular exaltados.
f) La hidrocefalia se puede desarrollar durante los dos primeros
años de vida, de modo que el seguimiento del perímetro
craneal debe ser realizado con mucho cuidado durante este período.
Si se sospecha un problema de este tipo, derivar al niño
a un neurólogo pediatra o a un neurocirujano pediatra.
Los síntomas de la hidrocefalia son un crecimiento excesivo
del cráneo, dolor de cabeza, somnolencia, vómitos
y rigidez de las piernas. Raramente se asocia la hidrocefalia
con un estrechamiento del foramen magnum.
g) Las complicaciones comunes de la médula espinal raramente
ocurren en la infancia pero se manifiestan en individuos adultos
con entumecimiento, hormigueo y sensación de pesadez después
de un paseo prolongado, debilidad y reflejos de estiramiento muscular
exaltados, dolor en la parte baja de la espalda y flojera en las
piernas, con posibilidad de caída. En casos muy avanzados
la parálisis es permanente y se pierde el control de la
vejiga urinaria. Es más frecuente en caso de angulación
anormal de la columna (cifosis toracolumbar) la aparición
de dolor lumbar con o sin extensión a los miembros inferiores,
debilidad de ciertos músculos y problemas de control de
la micción y defecación. Los niños con cifosis
toracolumbar severa presentan un alto riesgo de sufrir estos problemas.
Por esta razón no se aconseja la sedestación sin
soporte antes de que la musculatura del tronco este bien desarrollada
y fortalecida. Revise los reflejos profundos de los tendones anualmente
en busca de asimetrías o aumento de los reflejos que sugieran
estenosis espinal.
Haga un seguimiento del desarrollo motor. Es de esperar un retraso
en el desarrollo motor pero no en aspectos sociales o cognitivos.
Es necesario controlar la aparición de reducción
torácica o una gran curvatura lumbar (angulación
posterior o cifósis), asociadas con debilidad en el tronco.
Recomiende a los padres evitar transportar al niño con
acondroplasia en posición curvada. Algunos tipos de sillas
de transporte, carritos para niños, así como otros
utensilios de juego, tiende a aumentar el riesgo de aparición
de gibosidad. Se debe evitar siempre la sedestación sin
soporte. Los padres deben ser instruidos en el modo de proporcionar
soporte a la espalda del niño durante el primer año
de vida. Desaconseje el uso de andadores, mochilas o saltadores.
Cualquier cifosis presente debe desaparecer en el momento en que
el niño comience a soportar peso al iniciar el andar. Haga
énfasis en la importancia de adoptar posturas correctas
a lo largo de la vida, con objeto de evitar la lordosis lumbar,
“metiendo las nalgas hacia adentro”.
Es frecuente la rotación externa de las caderas, la cual
normalmente desaparece de forma espontánea cuando el niño
comience a llevar peso. Este problema no requiere vigorizantes.
El andar puede retrasarse hasta los dos años de edad. Adelántese
al posible arqueamiento de las piernas como consecuencia del sobrecrecimiento
fíbular a nivel de rodillas y tobillos. Si el arqueamiento
imposibilita el caminar, consulte a un pediatra ortopédico.
Controle las caderas del niño en previsión de aparición
de contracturas de flexión y de rotación externa.
Haga hincapié en la importancia de que cuando el niño
permanezca sentado sus pies no estén colgando, por lo que
es adecuado incorporar un peldaño a las sillas que él
use de forma frecuente (en casa o colegio). Es posible que se
requiera la colocación de un cojín en el espaldar
para alcanzar una óptima postura durante la sedestación.
Controle la aparición de otitis media de carácter
seroso. Haga una revisión del posible riesgo de aparición
entre los 6 y 12 meses. Indique que es necesario un examen de
los oídos después de cualquier infección
de las vías respiratorias (resfriados, gripes, etc.).
Recomiende la realización de un estudio del sueño
si observa signos de compromiso respiratorio o si se presenta
un retraso en el desarrollo cognitivo. Los niños con acondroplasia
frecuentemente sudan y roncan en asociación con el sueño.
Si se sospecha una obstrucción de las vías respiratorias
superiores (aumento de la retractación, ahogamiento, respiración
intermitente, apnea, signos de compensación profunda) es
necesario realizar una evaluación de la función
respiratoria y un examen neurológico que incluya potenciales
evocados, estudios del sueño e imágenes de resonancia
magnética. Téngase en cuenta que las apneas del
sueño en los niños pueden causar pérdidas
en la capacidad intelectual que, en su mayor parte, es irreversible
si no es tratada adecuadamente.
Derive al paciente a un neurólogo pediatra o a un pediatra
neurocirujano en caso de que observe asimetría en los reflejos,
hipotonía extrema, temprana prioridad en manos o crecimiento
excesivo de la cabeza.
La evaluación del habla debe ser realizada no más
allá de los dos años de edad. Si el habla presenta
un retraso anormal se debe intentar excluir la posibilidad de
que sea debida a una perdida de audición de conducción
por la presencia de otitis media crónica.
Controle el peso y los hábitos alimentarios para evitar
obesidad, lo cual se puede convertir en un problema en la infancia
y adolescencia. Los niños pueden necesitar ser sometidos
a dieta y comer aproximadamente la mitad de los que comería
un niño de talla media. La obesidad agrava la morbilidad
asociada con la estenosis lumbar y contribuye a la aparición
de problemas no específicos en las articulaciones, además
de contribuir a la aparición de problemas cardiovasculares
que pueden ocasionar una muerte temprana de la persona. Utilice
las curvas talla-peso específicas para personas acondroplásicas
(Figura 5 a y b)
Explore la posibilidad de uso de vigorizantes dentales en el futuro
y la posible necesidad de abrazaderas dentales después
de los cinco años de edad.
Aconseje evitar el desarrollo de deportes de fortaleza física,
tales como la gimnasia, natación de competición,
acrobacias y deportes de colisión. Es importante concienciar
al niño para que no realice ejercicios de salto, con objeto
de evitar un innecesario estrés en las articulaciones,
especialmente en las uniones de la espina dorsal. Hay un alto
riesgo de sufrir lesiones de espalda y cuello debido a la existencia
de estenosis espinal. Desarrolle un programa con actividades tales
como la natación o el uso de bicicletas.
8. GUÍA PARA EL NEURÓLOGO.
Durante
el primer año de vida se deben realizar estudios ultrasónicos
del cerebro a los 2, 4 y 6 meses de vida, con objeto de determinar
la talla ventricular especialmente si el tamaño de la fontanela
es anormalmente grande, si el perímetro craneal aumenta
desproporcionadamente o si se desarrollan síntomas de hidrocefalia.
Si es apropiado, considere realizar estudios adicionales de neuroimagen
entre los 6 y 12 meses de edad.
Considere la posibilidad de obtener una imagen por resonancia
magnética o por termografía computerizada de la
región del foramen magnum, en el caso de niños que
muestran signos de compresión medular. La imagen por resonancia
magnética debe incluir la base del cráneo, así
como los ventrículos y la médula espinal. La existencia
de hipotonía muscular severa se asocia frecuentemente a
una reducción del tamaño del foramen magnum, sin
embargo estudios reciente descarta dicha correlación (Reynolds
et al., 2001).
Evite la intervención neuroquirúrgica en una hidrocefalia
latente, a no ser que haya un aumento rápido en el tamaño
de la cabeza o aumente la presión intracraneal. Los niños
con acondroplasia corren el riesgo de sufrir secuelas letales
por las anormalidades de la unión craneocervical. Los mejores
indicadores de la necesidad de escompresión suboccipital
en la unión cervicomedular incluye la hiperflexia de los
miembros inferiores o clonus, hipoapnea central demostrada por
polisomnografía, y medidas del foramen magnum por debajo
de los valores medios de los niños con acondroplasia. La
descompresión del foramen magnum solo es necesaria cuando
los exámenes clínicos, y de imágenes, revelan
la compresión de la médula espinal.
9.
GUÍA PARA EL TRAUMATÓLOGO.
Las
personas acondroplásicas tienen mayor predisposición
durante la adolescencia a presentar un marcado genu varo que puede
requerir corrección quirúrgica. En algunos casos
se pueden presentar alteraciones a nivel de la columna (hernia
discal), debido al estrechamiento de los arcos vertebrales y de
los espacios entre los pedículos, producto de la deformidad
espinal propia de la acondroplasia.
La
complicación más común que ocurre durante
la fase adulta está relacionada con la estenosis espinal
lumbosacra, en la compresión del cordón medular
o de raíces nerviosas. Esta complicación es normalmente
tratable, si se diagnostica con prontitud, a través de
descompresión quirúrgica.
Debe
realizar una evaluación y tratamiento quirúrgico
de deformidades de los miembros inferiores (genu varo), así
como proporcionar información realista a los padres sobre
las ventajas e inconvenientes del alargamiento óseo. En
el caso que se estime necesario debe realizar la corrección
quirúrgica de la cifosis toracolumbar grave y de la estenosis
del canal.
9.1. Alargamiento de extremidades.
El
proceso de alargamiento de los segmentos óseos en la acondroplasia
ha pasado de ser una práctica experimental a consolidarse
como un procedimiento terapéutico bien definido. Por las
características físicas y morfológicas de
las personas acondroplásicas se dan una serie de circunstancias
que favorecen los métodos de elongación (es más
asequible el alargamiento de un miembro de un acondroplásico
que el de un individuo sin alteraciones del crecimiento). Ello
es debido a la gran laxitud de los tejidos y a la hipertrofia
de las partes blandas que presentan los acondroplásicos.
La
mejor integración social, a través de proporcionar
una talla corporal que permita superar barreras físicas
y arquitectónicas que limitan el desarrollo social del
individuo, es el motivo básico del alargamiento de extremidades
(eliminando o reduciendo su grado de minusvalía). A este
motivo se añade el mejorar la funcionalidad, especialmente
marcada por las limitaciones impuestas por las deformidades del
esqueleto (genu varo, genu valgo, hiperlordosis, etc.), cuya corrección
es una parte imprescindible en el tratamiento quirúrgico
de estos pacientes.
Es
importante aclarar que no toda persona con esta anomalía
debe ser sometida a una intervención de alargamiento, pero
aquella que lo solicite debe ser informada detalladamente de los
procedimientos, resultados obtenidos, riesgos y complicaciones
de la intervención, y si sus condiciones personales le
permiten entra dentro del protocolo de elongación global
de las extremidades. El traumatólogo no debe olvidarse
nunca que el alargamiento de extremidades debe tener como objetivo
principal disminuir o eliminar las limitaciones que sufre el paciente
y facilitar su integración social, y no ser la causa de
un aumento de su grado de minusvalía por estar la intervención
contraindicada desde un principio, siendo previsibles sus consecuencias
por las características concretas del paciente. En todo
caso, la intervención ha de ser realizada por un equipo
altamente experimentado y que sea parte de una unidad multidisciplinar
de referencia sobre patologías del crecimiento.
Para
llevar a buen puerto un proceso de elongación ósea
hay que tener en cuenta las siguientes premisas:
a)
Información real sobre las ventajas e inconvenientes.
b)
Selección adecuada de los pacientes.
c)
El alargamiento óseo es un tratamiento complejo y de larga
duración. Es precisa la máxima colaboración
del niño y su familia.
d)
Es necesario la estrecha cooperación entre pediatría,
psicología, cirugía ortopédica y rehabilitación.
e)
Si se plantea el alargamiento, hay que completarlo con la elongación
de los miembros superiores (húmeros) y no ceñirse
exclusivamente a los miembros inferiores.
f)
La edad recomendada es entre los 8 y los 12 años.
Existen pocas contraindicaciones para el alargamiento de las extremidades
en los acondroplásicos y básicamente se pueden agrupar
en dos tipos, las de carácter médico y la edad.
En pacientes que superan los 20 años se plantean problemas
de consolidación del hueso alargado y se desaconseja la
práctica de grandes elongaciones óseas. La protocolización
del alargamiento de extremidades supone, por una parte, una valoración
preoperatoria que incluye estudios a nivel genético y hormonal,
de ausencia de contraindicaciones de carácter sistémico,
valoraciones de tipo ortopédico (considerar la alineación
axial y otras posibles alteraciones articulares) y, lo más
importante, una valoración de carácter psicológico.
Es decir se requiere un estudio multidisciplinario (pediatras,
endocrinos, cirujanos ortopédicos, rehabilitadores, psicólogos
y psiquiatras) con objeto de valorar de forma integral la problemática
de la persona y los efectos de la intervención.
Los aspectos psicológicos y psiquiátricos en la
valoración preoperatoria son de importancia capital, no
sólo por el impacto sobre la persona que sufre de talla
baja, sino porque las técnicas de alargamiento de extremidades
son dolorosas y requieren de una gran paciencia por parte del
paciente (y la familia) y un alto compromiso o motivación
en el cumplimiento de los objetivos terapéuticos. Se ha
de evaluar concienzudamente la condición de la persona,
su personalidad, estado emocional y expectativas.
Por otro lado, en el éxito de la elongación es tan
importante, o más, que la propia intervención quirúrgica
el desarrollo de un estricto programa de rehabilitación,
perfectamente coordinado con las intervenciones. Este debe comenzar
a desarrollarse desde el momento mismo en el que los traumatólogos
y rehabilitadores determinen que el paciente a pasado el postoperatorio.
Es decir, cuanto antes y de forma continuada.
9.2.
Métodos de alargamiento y características.
En
las tablas 1 y 2 se resumen las características más
significativas de los tres métodos de alargamiento óseo
existentes, y de los fijadores utilizados en cada uno de ellos,
haciendo hincapié en los resultados obtenibles y las complicaciones
que se pueden presentar durante el proceso.
Tabla 1. Procedimientos utilizados en el
alargamiento óseo, así como sus resultados y complicaciones.
MÉTODO |
Procedimiento |
Resultados |
Complicaciones |
Fijador |
| De
Bastiani |
Alargamiento
simultáneo de tibia y fémur de un pie y luego
del otro, mediante una condrodiastasis y callostasis. |
La
media de alargamiento en las extremidades inferiores es de
20-25 cm.
No son partidarios del alargamiento de las extremidades superiores.
|
La
secuenciación en las intervenciones obliga al paciente
a completar el alargamiento, corriéndose el riesgo
de que se presenten complicaciones médicas o psicológicas. |
Orthofix |
| Ilizarov |
Consiste
en el alargamiento de la tibia de un pie y el fémur
del otro simultáneamente, seguido por la tibia y el
fémur restante. En algunos casos se alargan ambas tibias
simultáneamente y luego ambos fémures. Se alargan
los húmeros de forma rutinaria. |
La
media de alargamiento en las extremidades inferiores es de
30 cm y de 9 a 14 cm en las extremidades superiores. |
La
secuenciación en las intervenciones también
obliga al paciente a completar el alargamiento, corriéndose
el riesgo de que se presenten complicaciones médicas
o psicológicas. |
Ilizarov |
| Vilarrubias |
Consiste
en el alargamiento simultáneo de ambas tibias seguido
de ambos fémures, separados por un intervalo de tiempo
dependiente de las condiciones físicas y psicológicas
de individuo. Utiliza la técnica ICATME y la corticotomía
de Ilizarov. Aplican tenotomía (percutanea) de forma
rutinaria. |
La
media de alargamiento en las extremidades inferiores es de
30 cm y de 9 a 14 cm en las extremidades superiores. |
|
Wagner
modificado o fijador monolateral que permite un alargamiento
máximo de 15 cm. |
Tabla 2. Tipos de fijadores utilizados en los alargamientos óseos.
FIJADOR |
Wagner |
Ilizarov |
Orthofix |
Intramedular |
Fecha |
1972 |
1970
|
1987 |
En
desarrollo |
| Descripción |
Fijador
externo uniaxial. Consiste en una estructura metálica
unilateral y alargada, de base cuadrangular, que se introduce
y es movilizada dentro de una vaina de igual forma. |
Fijador
externo multiaxial. Consiste en 4 ó más anillos
(completos e incompletos) que circunda la extremidad y la
mantienen en tensión con pequeños alambres (1.5
a 1.8 mm) que atraviesa diferentes caras de la extremidad |
Fijador
externo uniaxial. Consiste en una estructura unilateral, cilíndrica,
que en sus extremos puede ser articulada con agujas más
gruesas (6 mm) que atraviesan sólo una cara de la extremidad
y es fijada al hueso |
Sistema
implantable que parece una especie de clavo fijado con tornillos.
Dispone en un extremo de un motor que determina un alargamiento
progresivo. Se controla externamente por telemetría. |
| Ventajas |
Simplicidad.
Eliminación precoz de los fijadores externos. |
Gran
versatilidad. Permite corregir deformidades rotacionales y
realizar alargamientos simultáneos, proximales y distales,
del mismo hueso. |
Mayor
versatilidad que el Wagner, pero menor que el Ilizarov. Permite
corregir deformidades angulares. |
Permite
un alargamiento continuo. |
| Desventajas |
Mayor
número de procedimientos quirúrgicos. |
Mayor
curva de aprendizaje. |
No
permite la corrección de deformidades rotacionales. |
Requiere
de un diámetro adecuado a la cavidad medular. |
9.3. Procedimiento quirúrgico (método Vilarrubias).
Seguidamente se describen cada uno de los procesos quirúrgicos
a que son sometidos los pacientes para conseguir la elongación
global de las extremidades (según se describen en ICATME,
1996). Es evidente que estos procesos serán en gran parte
dependientes de las características de los pacientes, pero
se intentará describir, de forma lo más generalizada
posible y sin entrar en excesivo detalle, las técnicas
quirúrgicas desarrolladas para el alargamiento de huesos
por el Dr. J.M Vilarrubias y su equipo (Instituto Dexeus, Barcelona).
Hasta 1995, con esta técnica se habían practicado
elongaciones en más de 500 pacientes, de los cuales 150
estaban afectados por talla baja, principalmente por acondroplasia
(se desconoce el grado de éxito y el número y tipo
de complicaciones encontradas durante los alargamientos).
a)
Alargamiento de tibias.
El proceso de alargamiento de los acondroplásicos siempre
se inicia con la elongación simultánea de ambas
tibias. La intervención dura aproximadamente 90 minutos
y se puede realizar tanto con anestesia epidural como general.
Todos los pasos de la intervención son realizados mediante
mínimas incisiones que no superan los 2.5 cm de longitud,
y siempre se efectúa un control mediante el intensificador
de imágenes de Rx (la exposición a los Rx no supera
los 50 segundos en la mayoría de las intervenciones). Se
da comienzo a la intervención colocando un pequeño
clavo desde el peroné hacia la tibia para evitar luxaciones
del tobillo durante el alargamiento. Seguidamente se práctica
una resección de 1 cm del peroné a nivel de su mitad
inferior. Sin realizar este paso es imposible conseguir una elongación
del segmento tibial. A continuación, se colocan dos clavos
roscados en cada uno de los extremos del hueso, siempre respetando
el cartílago de crecimiento para poder permitir el crecimiento
fisiológico del hueso. Se efectúan unos pequeños
cortes escalonados en el tendón de Aquiles para que no
se produzcan retracciones de este fuerte tendón y evitar
posiciones anómalas del pie. El paso final es realizar
un corte en el hueso de la tibia, a través de una pequeña
incisión de 1 cm, de forma que se produzca una fractura
transversal en la zona superior del hueso, justo por debajo de
los clavos situados en el extremo superior del mismo.
Una vez finalizada la intervención se coloca un fijador
externo monolateral, adaptado a los clavos, corrigiendo las desviaciones
o deformidades tanto en el plano frontal como lateral. El proceso
termina colocando una protección de escayola que mantendrá
el tobillo en posición correcta durante el alargamiento.
b) Postoperatorio y elongación.
El postoperatorio inmediato no es más doloroso que el de
otra intervención ortopédica y las molestias se
controlan habitualmente con analgésicos comunes. Debe controlarse
la movilidad, coloración y sensibilidad de los dedos y
la postura de las rodillas, que no debe ser en flexión.
Transcurridas 24 horas de la intervención se procede a
la primera elongación, que se efectúa girando una
rueda situada en el extremo del fijador externo. El mecanismo
es muy sencillo y puede ser realizado por cualquier familiar e
incluso el propio paciente. Se alarga 1 mm cada 24 horas. Esta
velocidad de alargamiento es la habitual en estos procesos, aunque
en algunos casos puntuales, y tras ver el primer control radiológico,
se puede aumentar un máximo de 2 mm por día según
la formación ósea que aparezca.
Durante la hospitalización, que suele ser de tres días,
el personal de enfermería instruirá al paciente
y sus familiares de como deben ser realizadas las curas diarias,
con la finalidad de evitar infecciones de las heridas.
Los controles radiológicos se efectúan mensualmente.
Para una elongación de tibia de 15 cm se necesitan 5 meses
y para obtener una formación ósea adecuada entre
3 y 5 meses más.
Una vez se ha completado la formación ósea se procede
a la extracción de los aparatos, y para poder hacer una
correcta limpieza de los orificios se somete al paciente a una
ligera sedación. Tras la retirada de los fijadores se colocan
unas escayolas largas protectoras durante 2 meses con las que
el paciente podrá inicial la deambulación cuando
se estime conveniente. Terminado el período de escayolas,
se inicia la recuperación funcional de las extremidades
inferiores. Durante esta fase el paciente debe recuperarse de
la gran atrofia muscular producida, debido al reposo articular,
y debe adaptarse a su nuevo centro de gravedad. Para ello deberá
reeducar la marcha y los movimientos automáticos. Es de
mucha ayuda la práctica de la natación y la bicicleta
estática. El programa de rehabilitación debe iniciarse
de inmediato, ya que de él dependerá en gran medida
el éxito de las elongaciones y la recuperación adecuada
de su tono muscular y grado de movilidad.
c)
Alargamiento del fémur.
Una vez lograda la recuperación funcional tras el alargamiento
de las tibias se puede optar por el alargamiento de ambos fémures
y húmeros. Si el tamaño del húmero es aún
excesivamente pequeño, es preferible realizar primero la
elongación femoral.
La intervención dura aproximadamente una hora para ambos
fémures y se puede realizar tanto con anestesia epidural
como general. La técnica es muy similar a la descrita para
la elongación de las tibias, pero al tratarse de un solo
hueso es más sencilla.
Se inicia la intervención colocando los clavos roscados
en los extremos de los huesos respetando los cartílagos
de crecimiento. A continuación se practica una incisión
de 2.5 cm en la cara externa del muslo a nivel del tercio superior
y a través de ella se efectúan unas incisiones transversales
en la aponeurosis de la fascia lata. Seguidamente se procede a
efectuar en esta misma zona el corte del hueso, siempre bajo control
de intensificador de imágenes de Rx.
El proceso quirúrgico finaliza con la colocación
adecuada de los aparatos y unas pequeñas incisiones para
descargar la tensión de los músculos adductores
y del recto anterior.
d)
Postoperatorio y elongación.
La elongación se inicia a las 24 horas de la intervención
quirúrgica. La velocidad de elongación es igual
que el proceso de las tibias, 1 mm por día, consiguiéndose
un alargamiento de 3 cm por mes. El proceso de limpieza y curas
diarias de los orificios de los clavos es el mismo que para el
caso de las tibias.
La rehabilitación difiere de la realizada en la elongación
de las tibias, ya que no permite realizar la flexión de
las rodillas más de 20 ó 30 grados, para evitar
la subluxación de las mismas y la retracción en
flexo. Sin embargo, se permite y de hecho es recomendable, la
bipedestación y la deambulación durante todo el
proceso de elongación femoral. Esto ayuda a acostumbrase
progresivamente a la nueva estatura y a modificar la hiperlordosis
lumbar, que es uno de los objetivos del alargamiento femoral.
A la mayoría de los pacientes que presentan hiperlordosis
lumbar, esta se les reduce en un 30 ó 40%, lo cual es muy
importante para el futuro de su columna.
Para alcanzar los 15 ó 17 cm de elongación se requiere
un periodo de tiempo similar al caso de las tibias. Una vez finalizada
la elongación, varía mucho el tiempo de consolidación
del hueso, pero suele oscilar entre 3 y 5 meses.
Todas las técnicas de recuperación funcional y fisioterapia
dirigidas a mejorar el tono muscular, la propiocepción,
la reeducación de la marcha, etc., son muy beneficiosas
de cara a la recuperación global del paciente, especialmente
en aquellos que iniciaron el alargamiento a una edad superior
a los 15 años.
e)
Alargamiento del húmero.
Esta fase es la más sencilla y cómoda para el paciente.
Sin embargo, el cirujano debe tener más precisión
en la colocación de los clavos que se sitúan justo
por encima del codo. Una vez realizada, los pacientes se suelen
adaptar a la perfección a la vida cotidiana mientras llevan
los fijadores en los húmeros.
Se estima necesario la elongación de los húmeros
en aquellas personas acondroplásicas que se han sometido
a un proceso de alargamiento de las extremidades inferiores. Por
las características de la acondroplasia, el segmento humeral
es especialmente corto (de 4 a 6 cm más corto que el antebrazo),
lo que hace que en algunas circunstancias el paciente vea muy
limitada la realización de funciones tan importantes como
ponerse unos calcetines o atarse los cordones de los zapatos,
e incluso realizar su higiene personal.
La intervención quirúrgica dura aproximadamente
media hora para cada húmero y se realiza siempre bajo anestesia
general. Es similar a la intervención realizada en los
fémures, no siendo necesario practicar tenotomías,
y al colocar el fijador se procura aumentar la extensión
del codo que en la mayoría de los acondroplásico
se encuentra limitada.
f)
Postoperatorio y elongación.
Después de la intervención, sólo se necesitan
48 horas de hospitalización. Al día siguiente, el
paciente debe ser capaz de realizar la mayoría de los movimientos
del antebrazo y casi todos los del brazo. Debe comer y asearse
casi sin ayuda.
La elongación se realiza de forma idéntica a los
casos anteriores, 1 mm al día, y solo se requiere rehabilitación
al principio para poder recuperar toda la movilidad del codo y
del hombro. Durante todo el período de elongación
los pacienten asisten con normalidad a clases y pueden efectuar
todos los movimientos. Lo único que se limita es la práctica
de educación física y deportes por precaución
ante la posibilidad de caídas y golpes a los fijadores
externos.
Habitualmente los alargamientos de húmeros son de 9 a 11
cm y el tiempo que se requiere hasta retirar los fijadores es
de 7 a 9 meses. Posteriormente se requiere cierta precaución
hasta que el hueso formado adquiere la consistencia normal.
g)
Riesgos y complicaciones.
Como en cualquier procedimiento quirúrgico, las intervenciones
de elongación de extremidades no están exentas de
ciertos riesgos y de alguna complicación. Los riesgos son
los de todas las intervenciones de cirugía ortopédica
tales como la embolia pulmonar, lesiones neurológicas o
vasculares periféricas, infección de las heridas
quirúrgicas y los riesgos que se asocian a la anestesia
general o epidural. Sin embargo, estos riesgos ocurren en menos
de un 1% de los casos.
Las complicaciones propias del procedimiento de elongación
pueden ser varias y la mayoría pueden resolverse de una
forma fácil durante el alargamiento, aunque otras requerirán
una nueva intervención quirúrgica para resolverlas.
Las más frecuentes son las desviaciones del eje del hueso
que se está alargando lo cual se soluciona normalmente
realineando el fijador externo. En ocasiones la desviación
ocurre después de haber retirado el fijador, pero si el
hueso es todavía elástico puede corregirse con escayola.
Si está totalmente formado debe realizarse una nueva intervención
quirúrgica para su corrección.
Otra complicación, no poco frecuente, es la rigidez parcial
de alguna articulación, especialmente la rodilla y cadera,
después del alargamiento femoral por los que debe insistirse
mucho en la rehabilitación. Ocasionalmente se ha observado
tendencia a la luxación de la rótula, también
tras el alargamiento femoral, debiéndose corregir mediante
operación. La subluxación de la cadera se asocia
a una displasia acetabular preexistente.
Rara vez puede surgir la falta de formación de hueso en
el trayecto de elongación. Si esto ocurre, se deberá
proceder a una nueva intervención para realizar injerto
óseo en la zona de elongación. Finalmente, hay que
comentar la posibilidad de aparición de algunas complicaciones
menores como las estrías cutáneas, las uñas
encarnadas del primer dedo del pie, dedos en garra y las infecciones
superficiales de los orificios de los clavos. Esto último
es importante notificarlo cuanto antes para evitar que profundice
la infección.
El porcentaje de aparición de complicaciones aumenta con
la edad de paciente (más de 14 años), especialmente
en aspectos relativos a incidencias asociadas al fémur,
problemas del callo, problemas articulares y cirugías adicionales.
Los segmentos de los pacientes de 14 o más años
presentan índices de maduración mayores que los
segmentos de pacientes más jóvenes. La consolidación
del callo de los pacientes mayores de 29 años tarda el
doble que en los menores de 12 años. A partir de los 19
años hay un mayor retardo en la consolidación. Por
otro lado, en los segmentos donde se realiza una osteotomía
metafisaria tienen una incidencia significativamente mayor de
complicaciones totales y cirugías adicionales que en fémures
con osteotomía diafisaria.
En los pacientes acondroplásicos las partes blandas oponen
poca resistencia a la distracción progresiva ya que, a
diferencia de otros acortamientos congénitos, la afección
radica fundamentalmente en el hueso y no en las partes blandas
que lo rodean. Los músculos de los acondroplásicos
son proporcionalmente más largos que los huesos cuando
se comparan con los sujetos normales. Por otro lado, los estudios
arteriográficos antes y después de las elongaciones
en pacientes acondroplásicos muestran que los vasos son
serpenteantes antes de la elongación y rectos después
de la distracción.
h)
Duración total del proceso de alargamiento.
La modernización de las técnicas ha permitido reducir
el tiempo de hospitalización, aunque la duración
del procedimiento completo depende del alargamiento planificado
y de las complicaciones que puedan surgir, siendo generalmente
superiores a los dos años (de 30 a 40 días por cada
centímetro alargado).
10.
GUÍA PARA EL MÉDICO REHABILITADOR.
El médico rehabilitador, así como el fisioterapeuta,
desempeñan un papel muy importante cara a mejorar la calidad
de vida futura de los niños y adultos acondroplásicos.
Es importante que los niños sean tratados desde muy temprano
por fisioterapeutas y médicos rehabilitadores con experiencia
en acondroplasia, ya que gran parte de los problemas que pueden
surgir durante el desarrollo podrán ser evitados en esta
primera fase.
Estos niños suelen presentar una baja tonalidad muscular
la cual limita su movilidad, en comparación a la considerada
normal en niño de su misma edad. El programa de ejercicios
debe estar inicialmente orientado a reforzar la musculatura de
control de la cabeza y de la espalda. Esta última debe
alcanzar un adecuado grado de fortalecimiento antes de que el
niño inicie ejercicios de sedestación.
La estimulación motriz debe estar orientada a conseguir
el control de la cabeza, del tronco, la bipedestación y
la deambulación. Esta deberá ser iniciada en un
centro de rehabilitación, dirigido por un médico
rehabilitador, controlado por un fisioterapeuta, y después
debe ser aprendido por los padres para que el programa pueda ser
efectuado deforma rutinaria en el domicilio. Según el Dr.
González Viejo (Servicio de rehabilitación, Hospital
Virgen del Camino, Pamplona) el programa de estimulación
se realiza en tres posiciones fundamentales: prono y decúbito
lateral, sedestación y bipedestación (copia de este
informe, incluyendo figuras explicativas de los ejercicios, se
puede obtener de la Asociación CRECER):
a)
Prono y decúbito lateral. Es muy importante iniciar la estimulación precoz del niño
con ejercicios que permitan ir fortaleciendo su musculatura, especialmente
la de la espalda de cara a impedir la formación de la cifosis
torácico dorsal y su acentuación al comenzar la
deambulación.
Con el niño colocado boca abajo se pretende conseguir que
a través de una serie ejercicios consiga controlar el peso
de la cabeza a través del incremento de la fuerza en la
musculatura cervical y dorsal. El objetivo es alcanzar que el
niño consiga soportar el peso de su cuerpo sobre los brazos
con las manos extendidas y con la cabeza erecta. También
se debe estimular el dorso del tronco para que se produzca una
respuesta erectora del raquis o colocado sobre una pelota, sujeto
por los pies, para que controle las caídas laterales.
b)
Sedestación. Los ejercicios de sedestación no deben ser iniciados antes
de los nueve meses de edad, cuando se ha alcanzado un desarrollo
adecuado de la musculatura del tronco, y siempre sin forzar la
situación.
Se pretende conseguir que a través de una serie de ejercicios,
el niño sentado consiga controlar el tronco a través
del incremento de la fuerza en la musculatura cervical y dorsal.
Los ejercicios estimulan que el niño lleve las manos hacia
la línea media, la mano a la boca, la mano al pie, asistiendo
de forma pasiva la rotación del tronco y consiguiendo las
respuestas del tronco y polo cefálico mediante inclinaciones
diagonales. Una vez obtenidas se debe estimular el desarrollo
de las reacciones de la cabeza y el tronco en posición
sentada.
c) Bipedestación. Con el niño
sentado sobre las rodillas se pretende conseguir a través
de una serie de ejercicios que el niño consiga controlar
el peso del tronco y pueda realizar la bipedestación, o
sentado en una banqueta consiga extender las rodillas e iniciar
la bipedestación. Los niños acondroplásicos
pueden no lograr andar de forma independiente hasta los 2 ó
3 años de edad.
Para
corregir la cifosis toracolumbar a veces resulta necesario la
prescripción de ortesis (corsés para el tratamiento
de la cifosis toracolumbar, férulas para genu varo), al
menos hasta los tres años de edad. No se aconseja realizar
ejercicios donde el niño soporte su peso sobre los pies
de forma muy temprana, ya que esto puede favorece la formación
del genu varo. Es frecuente la rotación externa de las
caderas la cual normalmente desaparece de forma espontánea
cuando el niño comience a llevar peso. Este problema no
requiere ningún tipo de vigorizantes. Prescriba ejercicios
que puedan disminuir la lordosis lumbar y las contracturas de
flexión en las caderas.
Un problema importante que pueden presentar los niños acondroplásicos
es que la extensión del antebrazo es incompleta y a veces
se acompaña de luxaciones posterolaterales de la cabeza
radial. Es importante realizar ejercicios orientados a conseguir
la extensión del codo, de forma que se evite la perdida
de flexibilidad del mismo por formación de cayos óseos.
Debe indicarse un programa de ejercicios encaminado a corregir
o evitar este problema (un ejercicio sencillo es el simular el
lanzamiento de un balón hacia una canasta de baloncesto,
con ambas manos simultáneamente). Es aconsejable que los
ejercicios sean también aprendidos por los familiares,
y si es posible por el propio paciente, para que sea llevado a
cabo de forma continuada a lo largo del desarrollo del niño
y adolescente.
Por
otro lado, después del proceso de alargamiento de extremidades
es necesario la fisioterapia. Realice un estudio del dolor lumbar.
Indicación de tratamiento conservador.
11.
GUÍA PARA EL OTORRINOLARINGÓLOGO.
Son frecuentes los episodios de otitis media, debido a la estrechez
de las trompas de Eustaquio, con una alta incidencia de sordera.
Un 10% de los casos presentan trastornos respiratorios.
La obstrucción severa de las vías respiratorias
superiores ocurre en menos del 5% de los afectados, por lo que
se deben considerar realizar estudios del sueño si aparecen
problemas respiratorios durante el descanso o mientras duermen,
especialmente si se observan indicios de retraso cognitivo o en
el habla. Las alteraciones del sueño pueden causar, entre
otras consecuencias, pérdidas en la capacidad intelectual,
problemas de estudio y perdida de memoria que pueden ser irreversibles
si no son tratados adecuadamente. En la mayoría de los
casos estas apneas son producidas por una hipertrofia de las amígdalas
y pueden provocar enfermedades cardiovasculares y trastornos de
comportamiento en la edad adulta. Es importante realizar un diagnóstico
correcto, ya que en muchos de los casos los niños con trastornos
de sueño son tratados como si sufriesen problemas de hiperactividad.
Las
apneas obstructivas pueden ser mejoradas con adenoidectomía,
perdida de peso y mascaras nasales con una presión de aire
positiva y constante. La adenoidectomía y/o amigdalectomía
son efectivas, pero son comunes los síntomas de recurrencia,
particularmente cuando el procedimiento inicial ha sido la adenoidectomía
(en aproximadamente el 90% de los casos). A estos pacientes se
les puede suministra anestesia general con seguridad, con la consideración
especial de la limitada extensión del cuello y correspondiente
tamaño del tubo endotraqueal.
Las
apneas centrales pueden ser mejoradas con tratamiento quirúrgico
de la hidrocefalia. Algunas patologías como el reflejo
gastroesofágico asociadas a enfermedades de las vías
respiratorias pueden requerir múltiples tratamientos incluyendo
la descompresión de foramen magnum.
Debe
realizar una valoración de la hipoacusia.
12. GUÍA PARA EL MÉDICO ENDOCRINO.
Las hormonas de crecimiento han sido utilizadas en diferentes
estudios con pacientes acondroplásicos con objeto de mejorar
su altura, y a corto plazo los resultados abarcan un rango de
respuestas que va desde las positivas a moderadas. Sin embargo,
se ha observado que el desproporcionado adelantamiento en la edad
de los huesos puede comprometer los resultados positivos obtenidos
con dichos tratamientos. Además, existe un agravamiento
de la desproporción corporal, lo que conduce a la necesidad
de un alargamiento óseo de las extremidades para corregir
dicha desproporción en la edad adulta. En este sentido,
las hormonas de crecimiento y otras terapias a base de productos
farmacológicos parecen no ser efectivas para aumentar la
estatura de las personas acondroplásicas, a no ser que
la persona sufra de un proceso de disfunción hormonal.
Sin embargo, a este respecto existe una gran variabilidad en la
respuesta individual a los tratamientos hormonales, observándose
un aumento en la tasa de crecimiento en algunos individuos tratados
con hormonas, especialmente durante la pubertad, aunque falta
por conocer los resultados finales en la edad adulta. La terapia
con hormonas de crecimiento parece ser útil para mejorar
los casos de personas acondroplásicas con un retardo severo
en el crecimiento.
13.
GUÍA PARA EL ORTOPEDA.
Realice una evaluación ortopédica cuando el niño
tenga aproximadamente 5 años con objeto de proporcionar,
si es necesario, un plan de tratamiento adecuado.
14. GUÍA PARA EL PSICÓLOGO
Y PSIQUIATRA.
Las alteraciones psicológicas que pueden aparecer en estos
niños parten de la percepción de su aspecto diferente
a los demás, asociado ocasionalmente a situaciones de discriminación
injustificadas o a excesiva protección paterna. Para luchar
contra estos problemas de imagen corporal hay que enfatizar las
cualidades del niño, ofrecer una información realista
a los padres y al niño cuando éste llegue a la adolescencia.
En casos extremos, que no son comunes, se recurrirá a la
atención psicológica al niño y a la familia,
entendida dentro de la atención interdisciplinar y no de
modo aislado.
Las familias han de ser aconsejadas sobre este tipo de problemas
y beneficiarse del contacto con otras con miembros afectados por
este tipo de displasias. Observe el status emocional de la familia,
así como las relaciones intrafamiliares. Aconsejar a los
padres de que modo deben contar el problema del niño a
sus familias y amigos. Hacerles ver la necesidad de educar a todos
los miembros sobre las características de la acondroplasia.
Asesóreles sobre los posibles contactos con grupos de soporte.
Incida en la importancia que tiene para el niño una normal
socialización y el contacto con otros niños.
Hable con los padres la posibilidad de adaptar las características
de sus casas con objeto de lograr que el niño sea más
independiente (bajar las llaves de la luz, grifos y aumentar el
número de peldaños a las escaleras). Puede ser importante
adaptar el baño, con pasamanos y agarraderas para facilitar
su uso, para permitir un uso independiente y más confortable.
Adaptar la ropa y los juguetes (especialmente los triciclos) a
las características del niño. Puede ser necesaria
una consulta de terapia ocupacional.
Revise la adaptación social del niño y adolescente.
15.
TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO.
Hasta
el momento actual, no hay ninguna medicación específica
para aumentar la talla en los niños acondroplásicos
aunque, como se explicará en el siguiente apartado, se
están realizando importantes avances en este sentido. El
uso de hormona del crecimiento no parece ser útil en estos
casos.
16. Tendencias actuales en investigación. 30 (leer)
17. Consejos útiles para los niños
y padres. 30 (leer)
18. Direcciones de interés.
32 (leer)
19. Conclusiones y recomendaciones.
34 (leer)
20. Bibliografía consultada. 35 (leer)
21. Glosario. 39 (leer)
VISUALIZA
EN GRÁFICOS LAS TABLAS DE MEDICIÓN:
*Curva
de crecimiento de hombres acondroplásicos.
*Curva
de crecimiento de mujeres acondroplásicas.
*Curvas
de velocidad de crecimiento en hombres acondroplásicos.(ver)
*Curvas
de velocidad de crecimiento en mujeres acondroplásicas.(ver)
*Curva
de aumento del perímetro craneal en hombres acondroplásicos.(ver)
*Curva
de aumento del perímetro craneal en mujeres acondroplásicos.(ver)
*Curva
de crecimiento de los segmentos superior e inferior del cuerpo
en hombres acondroplásicos.(ver)
*Curva
de crecimiento de los segmentos superior e inferior del cuerpo
en mujeres acondroplásicas.(ver)
*Curva de relación entre la talla y el peso en hombres
acondroplásicos.(ver)
*Curva de relación entre la talla y el peso en mujeres
acondroplásicas.(ver)
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