LACTANTES ACONDROPLÁSICOS
Durante
el tratamiento de un lactante debemos tener presente la posible
existencia, o el posterior desarrollo, de dos alteraciones de
base: la estrechez del foramen mágnum y la hidrocefalea.
Ya hemos comentado que estos niños tienen un foramen mágnum
más pequeño de lo normal, que podría provocarles
compresión medular. Esta alteración unida a la hiperlaxitud
a nivel atlo-axoideo y el menor tamaño de la odontoides,
hacen que el cuello sea una zona de riesgo y por lo tanto, debemos
cuidar al máximo su manipulación durante todo el
tratamiento. Se debe evitar el bamboleo de la cabeza, sobre todo
en este periodo, en el que el niño no ha adquirido un buen
control de la cabeza. Debemos transmitir esta precaución
en todo momento a los padres y a su entorno.
Otro trastorno a tener en cuenta es el posible desarrollo de una
hidrocefalea durante los dos primeros años de vida. Se
debe hacer un seguimiento del perímetro craneal durante
este tiempo y conocer los síntomas y signos que provoca
(crecimiento excesivo del cráneo, cefaleas, somnolencia,
vómitos y rigidez de piernas). Ante cualquier sospecha
se debe remitir inmediatamente a un neurólogo pediatra
o a un neurocirujano.
Cuando valoramos a un lactante observamos una hipotonía
muscular generalizada, la mayoría de las veces moderada,
que provoca un retraso motor evidente. Dicha hipotonía,
si no se trata y dejamos que el niño vaya evolucionando
por si solo en sus adquisiciones motoras hasta llegar a la sedestación,
conducirá a que esa debilidad muscular junto con el marcado
peso de la cabeza instaure una tendencia a la flexión de
la columna, favoreciendo el acuñamiento de la primera y
segunda vértebras lumbares. Esta situación provoca
una cifosis dorso-lumbar que, lejos de corregirse, se va instaurando,
llegando incluso a necesitar tratamiento ortésico.
Se debe realizar lo antes posible una estimulación motriz
con el objetivo de conseguir un buen control de tronco y una correcta
bipedestación y deambulación. Sin olvidar la iniciación
en la higiene postural.
Es imprescindible no forzar el desarrollo motor del niño.
Se debe reforzar la musculatura de control de cabeza y tronco,
consiguiendo un buen grado de fortalecimiento muscular antes de
realizar la sedestación. Hasta que no se consiga no se
debe permitir la sedestación sin apoyo, ya que favorecería
la cifosis dorso-lumbar. Siempre se le ha de colocar un cojín
en la espalda del niño para la correcta sedestación.
Para aumentar el tono muscular se le ha de incluir en un programa
de estimulación realizado en tres posiciones fundamentales:
decúbitos prono y lateral, sedestación y bipedestación.
Se comienza en decúbito prono con todos aquellos ejercicios
encaminados a conseguir el control del peso del polo cefálico,
mediante el aumento de la fuerza de la musculatura cervical y
dorsal. Se puede estimular el dorso del tronco para que se produzca
una respuesta erectora del raquis.
Una vez que se haya adquirido un tono muscular adecuado, pasaremos
a realizar todos aquellos ejercicios en sedestación encaminados
a mejorar el control del tronco. Se debe estimular el desarrollo
de las reacciones de la cabeza y del tronco mediante inclinaciones
diagonales.
Por último, con el niño de rodillas y mediante una
serie de ejercicios se intentará conseguir que controle
el peso del tronco y que pueda realizar la bipedestación,
o llegar a la misma desde la posición de sentado en un
taburete y extendiendo las rodillas. sigue >>>
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